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martes, 8 de octubre de 2013

La Herida de los Clavos y tus Heridas


Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino.  (25)  Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. El les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.  (26)  Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros.  (27)  Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.  (28)  Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!  (29)  Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron. (Juan 20:24-29 RV 1960)

En este relato después de la resurrección de Jesús, vemos como Tomas declara que no aceptaría que Jesús no había resucitado si primero personalmente lo veía, y luego más que eso para estar convencido de que Jesús había resucitado tendría que tocar y meter su dedo en el lugar de los clavos y en su costado. Jesús se les aparece de nuevo ocho días después e invita a Tomas a que haga lo que el había demandado para poder creer en su resurrección. Esta historia le ha ganado muchos mensajes a Tomas, o más bien como no ser como Tomas de incrédulos. Pero un aspecto para mi muy importante es el hecho de que Jesucristo escogió resucitar con un cuerpo que todavía tenía la marca de los clavos, y de su costado. El hubiera podido haber resucitado con un cuerpo libre de esas marcas, pero el escogió, por la eternidad, tener este recuerdo de su sufrimiento en la cruz.

Creo que todos nosotros, en cierta forma cargamos las marcas o cicatrices del pecado en nuestras vidas. Yo he ministrado a personas que fueron abusadas sexualmente y aun de adultos cargan esa marca en su corazones. Yo personalmente nunca tuve una relación sana o normal con mi Padre, toda la vida que viví en la casa con él, nuestra relación nunca fue cercana, por su violencia, abuso, constantes palabras de rechazo, y una vida centrada en el solamente sin importarle nadie más. En el caso de Jesús, las heridas eran el recordatorio del precio que pago en la cruz, y por la eternidad esas "marcas de los clavos" nos testificaran de su gran amor. Esas marcas eran solo eso, un símbolo, ya no hay dolor, no hay aflicción, Jesús tenía un cuerpo glorificado, y no le daba pena mostrar el precio por amarnos. 

De esta historia podemos entender varias cosas de nuestras experiencias antes de nacer de nuevo (nuestra resurrección a la vida nueva):

  • Las heridas que han sido sanadas, son solo "marcas" que nos recuerdan la obra que Dios ha hecho en nuestra vida, pero como hemos experimentado el poder del Cristo resucitado, ahora ya no son fuente de dolor, no es que tenemos amnesia, pero hemos sido sanados del dolor. El cambio el dolor por el gozo.

  • Las heridas son parte de nuestro ministerio. Esas heridas nos llevan a ser sanadores en lo que nosotros fuimos heridos. Muchas veces yo he escuchado a personas que dicen, "Dios permitió eso en mi vida para usarme en esa área para bendecir a los que tienen necesidad de lo mismo que yo sufrí". La verdad es que Dios no nos mando ninguna de esas cosas; son el producto del pecado y la maldad en el mundo, pero él ha tornado nuestras heridas y las ha convertido en "puentes" por donde él puede sanar a un mundo herido.

  • Las heridas son un recordatorio constante de su amor. Muchas veces he escuchado a personas decir que no son dignas ni del amor de Dios, ni de que Dios use sus vidas, por las malas experiencias que vivieron. Pero en vez de ser un obstáculo para servir a Dios, las heridas nos recuerdan su gracia, su amor y su poder sanador. No servimos a Dios en nuestras fuerzas, pero por su amor y por su gracia, y nuca dejaremos de depender en el. No servimos a Dios porque lo merecemos, pero lo hacemos porque nos ama, y su amor nos escogió, nos abrazo, nos limpio, nos libero, y nos transformo.

  • Las heridas son un símbolo poderoso de que nadie está fuera del amor de Dios. No importa que haya sido nuestro pasado, no hay herida que él no pueda sanar, no hay vida que no pueda cambiar. Mi Padre antes de morir tuvo la oportunidad de convertirse en discípulo de Cristo y vivió los últimos anos de su vida, también como todos nosotros tratando de sanar a otros que estaban heridos por el pecado. El también fue herido, al haber sido abandonado de sus padres, y haber crecido en una profunda pobreza. Solo hasta que su corazón fue sanado se convirtió en la persona que Dios siempre planeo que fuera. Nadie está fuera del amor de Dios.

Permite que Dios sane todo vestigio de dolor que todavía pudiera haber en tu vida. Solo hasta que recuerdes tus heridas, y no sientas el dolor has sido sanado. No escondas tu heridas, deja que sean "puentes" para otros, que así como tu necesitan recibir el amor de Dios, y recuerda nadie, no importa cuán herido este caminado en la vida, puede ser sanado por el amor de Dios, solamente ve tus heridas, y veras que su amor todo lo puede sanar.      

lunes, 4 de octubre de 2010

“Lo que hemos Oído, Contemplado, y Palpado”

1 Juan 1:1-3 RV60  Lo que era desde el principio,  lo que hemos oído,  lo que hemos visto con nuestros ojos,  lo que hemos contemplado,  y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida  (2)  (porque la vida fue manifestada,  y la hemos visto,  y testificamos,  y os anunciamos la vida eterna,  la cual estaba con el Padre,  y se nos manifestó);  (3)  lo que hemos visto y oído,  eso os anunciamos,  para que también vosotros tengáis comunión con nosotros;  y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre,  y con su Hijo Jesucristo.

Ser un discípulo de Cristo, es mas que tener información, o conocer intelectualmente sobre Jesús el ungido de Dios. Es una experiencia que envuelve todo nuestro ser; espíritu, alma, y cuerpo. A través de la oración tenemos comunión con él, a través de nuestra adoración expresamos el sentir de nuestra alma, y en el vivir de nuestra vida diaria, caminamos con el en todos los asuntos de nuestra vida. El apóstol Juan nos declara que él está hablando de lo que el ha vivido. Si bien lo decía en el contexto de las herejías de sus  días especialmente el Gnosticismo que declaraban que Jesús no había existido corporalmente, el principio de la experiencia personal es todavía valido.
  • Si todo lo que hablo son palabras de motivación, es porque he estado leyendo libros de motivación disfrazados como palabra de Dios, que incrustan “aquí y allá” uno que otro pasaje de la escritura para dar la impresión de cristianismo.
  • Si todo lo que hablo es de lo que alguien más dice, es porque he estado leyendo lo que otros han leído, de otros, detrás de un escritorio, o de una computadora en línea y con google.
  • Si todo lo que hablo son frases gastadas, y superfluas es porque no he meditado en su palabra, ni mi relación con Jesús es viva, y real.
  • Si todo lo que hablo son de los programas de televisión de moda, y “reality shows”, de las nuevas películas, de vampiros y romances, de concursos de canto y baile que exaltan la sensualidad, y la superfluidad de nuestra cultura, pero no del reino de los cielos.
  • Si me emociona que una mexicana sea la reina de belleza, he perdido el significado de la verdadera belleza de tu creación, ahora valoro lo que el mundo valora. (Mat 5:8) ¿Sera que pasó más tiempo enfrente del televisor, que delante del trono de tu gracia? 
¡No puedo ser testigo de Jesús, no lo he oído, no lo he palpado, ni lo he contemplado!
¡No puedo dar lo que no tengo! (Hechos 3:6) Señor, ayúdame a tocarte, a oírte y a palparte en mi vida, para que pueda reflejar a este mundo tu luz, tu vida, tu obra en la cruz y tu victoria sobre la muerte. Para que un día toda lengua confiese que tu eres el Señor de la historia, para que nos unamos al clamor de la creación que al unisonó diariamente declara tu gloria.

jueves, 23 de septiembre de 2010

La Condición de mi Corazón a la luz de tu Palabra

Entonces dijo el sumo sacerdote Hilcías al escriba Safán: He hallado el libro de la ley en la casa de Jehová.  E Hilcías dio el libro a Safán,  y lo leyó. Viniendo luego el escriba Safán al rey,  dio cuenta al rey y dijo: Tus siervos han recogido el dinero que se halló en el templo,  y lo han entregado en poder de los que hacen la obra,  que tienen a su cargo el arreglo de la casa de Jehová. Asimismo el escriba Safán declaró al rey,  diciendo: El sacerdote Hilcías me ha dado un libro.  Y lo leyó Safán delante del rey. Y cuando el rey hubo oído las palabras del libro de la ley,  rasgó sus vestidos.
(2 Reyes 22:8-11 RV60)

La verdadera espiritualidad comienza cuando descubrimos a la luz de la palabra de Dios la condición de nuestro corazón. La respuesta del rey Josías, al oír las palabras de la ley, demuestra la respuesta interna de su corazón. Al oír la palabra de Dios se dio cuenta de su gran necesidad, y de que si Dios restauraría a la nación, el primer paso comenzó en su vida misma. Palabra de sabiduría para los lideres, pastores, o padres; si queremos pasión, entrega, y consagración en nuestros discípulos, congregaciones, o familia, el primer paso es una autoevaluación a la luz de su palabra.
La condición espiritual, y moral de la nación judía estaba en una real decadencia, de tal manera que leemos (capitulo 23 de 2 de Reyes) que en el miso templo de Dios se tenían imágenes de los dioses amonitas, de Baal, y Asera.  
¡Señor te pido que pueda ver a la luz de tu palabra la condición de mi corazón para que  pueda llevar tu luz a los que me rodean! ¡Quiero arrancar de mi corazón todo incienso, y ofrenda a los dioses de la costumbre, del cristianismo diluido, cómodo, y aculturado. ¡Purifícame Señor, para que pueda reflejar tu luz! Amén.